Mi historia

El deporte no ha sido solo fuente de salud, si no también un refugio de serenidad, una herramienta para conectar con el momento presente.


Infancia

seve de pequeño

Los primeros deportes que practiqué fueron natación y gimnasia deportiva. El primero me aportó un increíble trabajo de la disciplina, al ser capaz de ser constante a pesar de la monotonía que sentía determinados días.

El segundo potenció mi creatividad, además de ayudarme a superar fronteras del miedo a través de la ejecución de acrobacias.


Adolescencia

Años después, durante mi adolescencia, descubrí el baloncesto, mi primer deporte colectivo. Este deporte no solo me dió la oportunidad de desarrollar habilidades sociales mediante la comunicación con mis compañeros, sino que también fomentó el espíritu competitivo y la resiliencia al enfrentar diversas derrotas.

Con cada partido, aprendí a gestionar la frustración, celebrando las victorias compartidas y relativizando las derrotas. Comprendí que inútil desmotivarse por no haber ganado; lo verdaderamente valioso es transformar esas experiencias en impulso para seguir mejorando y mantener siempre las ganas e ilusión por hacerlo en cada ocasión un poco mejor.


Adultez

Al cumplir la mayoría de edad, mientras iniciaba mis estudios en Ciencias del Deporte en la Universidad Católica de Valencia, me adentré en el mundo del gimnasio con un enfoque en la hipertrofia y la fuerza. Mi búsqueda de superación física estuvo marcada por un intenso deseo de destacar, una fase en la que el ego jugó un papel dominante.

Sin embargo, con el tiempo y la experiencia, coincidiendo con mis estudios de Máster en Rendimiento deportivo y Salud Universidad Miguel Hernandez (Elche), aprendí que la verdadera fortaleza no reside únicamente en los músculos, sino en la capacidad de equilibrar el esfuerzo con la salud, y en comprender que el bienestar duradero es lo que realmente importa.

Finalmente quise descubrir los deportes de contacto, buscando no solo nuevas experiencias, sino también un crecimiento personal más profundo.

Desde mi primer día en el boxeo, sentí una conexión inmediata, me enseñó a mantener la mente en el presente, a controlar emociones intensas y a afinar mi carácter con humildad y determinación.

seve boxeando

Este proceso me ayudó a perfeccionar la gestión emocional, una habilidad que hoy en día considero esencial en cada aspecto de la vida.


Mi Enfoque Personal

Actualmente, unificando todo mi contacto con el mundo deportivo, mi esquema mental se apoya en dos pilares fundamentales:

  1. Los valores que he adquirido durante mi experiencia a lo largo de mi trayectoria: disciplina, creatividad, resiliencia, espíritu de superación, autocuidado, gestión emocional, humildad, determinación.
  1. Los conocimientos técnicos aprendidos a lo largo de mi formación (Licenciatura Ciencias del Deporte y Actividad Física, y Máster en Rendimiento Deportivo): planificación deportiva, biomecánica, anatomía, kinesiología y nutrición

Al combinar ambos pilares, logro mantenerme en el camino del progreso, acercándome cada día más a unas condiciones óptimas tanto físicas como mentales.

seve feliz

Esto no solo incrementa mi confianza, sino que también me prepara para enfrentar cualquier imprevisto que la vida me presente, ya sea a mí o a quienes me rodean.